Was ist Barrio | Bairro Berlin?
Agenda
19:00 — 21:00
Sí, vuelven los lunes, los días más queridos desde hace casi cinco años...
06: Giovanni Agnoloni presenta Cuatro novelas sobre un mundo tras la caída universal de internet. Publicado por Iliada Ediciones. Con Amir Valle. En español e italiano.
13: Doble presentación de la editorial Werstories: 1) “Tres cuartos de una realidad” de Cesar Yamaguchi. 2) “Intentaré no llegar muy borracha para hacerte el amor” de Sonia Noya. Moderación: Juan Mut.
20: Romina Tumini presenta: “El olor del miedo y otros relatos”. Moderación: Esther Andradi.
27: Ana Luisa Tapia presenta “lotería literaria”. Moderación: Daniel Ossege.
Colaboración: 5 €, bebida incluida.
Großgörschenstr. 6, 10827 Berlín
19:00 — 21:00
Tres cuartos de una realidad, de Cesar Yamaguchi e intentaré no llegar muy borracha para hacerte el amor, de Sonia Noya.
Lxs autorxs conversarán con Juan Mut y nosotrxs pondremos lo demás: literatura, sorpresas, abrazos, vino y muchas ganas de verlas.
Será en Großgörschenstraße 6, 10827 Berlin.
Vengan, traigan a alguien, pidan otra copa, descubran voces nuevas.
17:00 — 18:30
Las crónicas del escritor argentino Roberto Arlt han sido un referente crucial no solo para especialistas en literatura, sino también en historia, sociología y urbanismo. El proceso en curso de edición definitiva de las obras completas de Arlt, con la inclusión de materiales periodísticos dispersos y desconocidos hasta ahora, contribuirá a desarrollar nuevas hipótesis de lectura sobre el autor y los campos de conocimiento en los que ha influido su obra.
En este conversatorio, Fernando Degiovanni (The Graduate Center, CUNY) y Laura Juárez (Universidad Nacional de La Plata, editora de la obra periodística de Arlt) debatirán algunas preguntas fundamentales a este respecto: ¿Qué supone hablar de “obras completas” en el caso de Arlt? ¿Qué decisiones se tomaron para la edición de los primeros volúmenes? ¿Qué dimensiones del archivo se pusieron en juego en cada tomo ya editado? ¿Qué dificultades supuso el acceso a los documentos, el abordaje de originales y la transcripción de los materiales dañados, a veces ilegibles? ¿En qué medida la inclusión de materiales periodísticos nunca antes antologados en libro transforma la interpretación del autor y del campo de los estudios literarios argentinos y latinoamericanos?
Ibero-Amerikanisches Institut - Stiftung Preußischer Kulturbesitz
18:30 — 20:30
Martes 14 y jueves 16 de julio de 18.30 a 20.30h
Costo: €30 por encuentro / €55 por dos encuentros (€50 precio reducido)
Información e inscripciones a giukiersz@gmail.com
El Taller de verano es un espacio para explorar la escritura y la ciudad. ¿Cómo escribimos en relación a los espacios que habitamos? ¿Qué podemos descubrir mirando, escuchando, transformando en historia eso que experimentamos todos los días? En cada encuentro vamos a leer un texto y a escribir entrenando el análisis y la re-escritura in situ como así también la habilidad para dar devoluciones. Exploraremos escrituras personales y colectivas para descubrir nuevas formas y texturas posibles dentro de la propia voz. Cada encuentro funciona como una unidad, por lo que es posible asistir a uno o ambos. No hace falta experiencia previa. Es un taller abierto a poetas, escritores, artistas, y quiénes quieran practicar y descubrir cómo es escribir desde distintos impulsos, compartir en grupo y sorprenderse con lo que aparece.
19:00 — 19:00
Dear friends and colleagues,
I just wanted to thank you so much for your lovely messages celebrating the release of the booklet.
I’d especially like to invite you to 90mil (Holzmarktstrasse 19-23, 10243 Berlin) on Monday, July 20, where we’ll celebrate and present the publication alongside the other authors in the Err Editions Series 1. We’re meeting at 7:00 p.m., with the readings beginning around 7:30 or 8:00 p.m.
It will also be a bit of a farewell to Berlin, at least for now, so I’d really love to see you there.
A big, big hug!
I’m really looking forward to sharing the evening, the readings, and this farewell with all of you.
vero
Künstler:innen
Alan Pauls
Verónica Stedile Luna
Juan Mut
José Luis Pizzi
Jordan Lee Schnee
Esther Andradi
Ana Rocío Jouli
Magazin
SAVE THE DATE: Barrio | Bairro Berlin vom 2. bis 18. Oktober 2026
“Era como un variété: 10 minutos por artista o 15 máximo”: Charlas de Barrio con Maria Rapela
Martina Herman
“Ese es el momento más importante: cuando el libro encuentra al lector”: Charlas de Barrio con German Restrepo
Alan Pauls
Foto: Rodrigo Fernández
Verónica Stedile Luna
Juan Mut
José Luis Pizzi
Seine Bücher hat er in Berlin, Tübingen, Köln, Madrid, Buenos Aires, Montevideo und verschiedenen Orten im argentinischen Patagonien vorgestellt. Als Anwalt führte er in Argentinien den ersten Prozess gegen ein staatliches Unternehmen (ELMA), das er erfolgreich auf Schadensersatzansprüche vor dem Arbeitsgericht als auch vor dem Zivilgericht wegen der Entlassung eines Arbeiters aufgrund von HIV/AIDS verklagte. Außerdem reichte er eine Strafanzeige gegen Cardenale Quarracino, den Erzbischof von Buenos Aires, wegen Verstoßes gegen das Antidiskriminierungsgesetz ein. Er war Koordinator des Rechtsbereichs „Schwule und Lesben für Bürgerrechte" und entwickelte in diesem Rahmen verschiedene Projekte, wie eine Erweiterung des Diskriminierungsgesetzes um die sexuelle Ausrichtung und Geschlechtsidentität, sowie die Einführung der Zivilunion für gleichgeschlechtliche Paare.
Foto: Sophia Pizzi
Jordan Lee Schnee
Esther Andradi
Foto: Peter Groth
Ana Rocío Jouli
Foto: exc2020
SAVE THE DATE: Barrio | Bairro Berlin vom 2. bis 18. Oktober 2026
“Era como un variété: 10 minutos por artista o 15 máximo”: Charlas de Barrio con Maria Rapela
Por Martina Herman
María Rapela, nacida en el 1979 en San José, Costa Rica, es una artista plástica germano-costarricense y lleva más de 25 años dedicándose a la vida creativa. Desde 2008 trabaja en Berlín. Su obra gira en torno al misterio de la vida, la identidad y las relaciones humanas en el espacio. Trabaja principalmente con pintura y dibujo, complementados con grabado, stop-motion y fotografía. Sus obras se han expuesto a nivel nacional e internacional, entre otros lugares, en Costa Rica, México, Honduras, Francia, Bélgica, Inglaterra, Luxemburgo y Alemania. Desde el 2011 hasta el 2017 organizó cuatro ediciones del Fieber Festival, dedicado a artistas hispanoamericanas.
María Rapela, de 2011 hasta 2017 estuviste al frente de la organización del bi-anual Fieber Festival, ¿cómo surgió esa iniciativa?
María Rapela: Fue Lucía González que le puso el nombre: Fieber Festival, Festival Iberoamericano de Artistas en Berlín. Cuando yo llegué acá, necesitaban ayuda para la primera edición y yo me unía a organizar. Lucía venía más de la parte de poesía y yo venía de artes plásticas. Entonces, el festival se fue dando, hicimos un call for artists y llegaron de todo. Entonces, aceptamos todo.
Música, poesía, danza, exposición... ¿No había restricciones en términos de medio de arte?
No, tratamos de que entrara todo dentro de lo posible. Pero también les decíamos que no teníamos recursos. Si querían presentar algo, tenían que ver qué podían hacer. Si alguien quería poner un video, nosotros no le íbamos a poner una televisión.
¿En términos económicos, cómo lo manejaban?
La primera vez, creo que cobramos cinco euros a los participantes. Para las impresiones, cartel, porque no teníamos que pagar alquiler. Entonces, fueron cinco euros y eran como treinta artistas. Y bueno, con eso hicimos el festival. Después, el segundo, ya no conseguimos el lugar gratis. Entonces, había que pagar la galería, el teatro. Entonces cobramos, no sé, ponele quince euros a los artistas. Y también buscamos saber si conseguíamos financiamiento y todo, pero nunca logramos. Probamos dos veces para pedir financiamiento.
¿Al Senado de Berlín?
Sí, sí, había proyectos. Lo que pasa es que los festivales son muy difíciles de financiar. Por ahí, para otro tipo de formato que no sea repetitivo es más fácil.
¿Por qué dirías que es más difícil financiar un festival?
Porque hay muchos festivales. O sea, yo tengo entendido que los festivales son difíciles. Y después teníamos algunas peleas. Bueno, no peleas. Pero algunas chicas de música decían que teníamos que cobrar entrada. Y entonces, empezamos a pedir, no cobrar una entrada oficial, sino pedir spending como colaboración. Igual la gente a veces no dejaba mucho. Salía un poco de dinero y algo se pagaba. Había que pagarle a los técnicos. 200 en el teatro, 200 en la galería. El técnico nos cobró 70 euros. Después compramos alimentos para tener ahí en la Bühne mientras se cambiaban las actividades.
¿Cómo era el Festival Iberoamericano de Artistas en Berlín? Ya estaba en el nombre como una suerte de enfoque particular en artistas mujeres...
Eso fue la idea inicial. Y tuvo un éxito increíble. O sea, hacíamos los Calls for Artists y al primero se presentaron treinta. Después empezamos a tener un poquito más... Bueno, fuimos aprendiendo como a hacer un Call for Artists un poco más serio. Teníamos que revisar las páginas web de las artistas, como empezar a hacer un poco más de filtro. Y entonces, en la galería sobre todo, había mucha gente que quería exponer, pero no todas eran tan profesionales. Entonces le dábamos prioridad a artistas con estudios en arte o con una página web… Que tengan un poquito más... El camino artístico más marcado. Y en eso nos llegaron muchas más artistas: 70 personas que querían exponer. Y, en cambio, por ejemplo, poesía no. Eran menos. Pero siempre había... Y tratábamos siempre de mezclarlas. Lucía había dicho, no dejen las poetas solas. Métanlas en los programas. Y así hicimos siempre. Poníamos una cosa, por ejemplo, de teatro. Después a una poeta. Después música. Era como un variété. Era como 10 minutos por artista, 10 o 15 máximo. Y que no quedara solo como un día de poesía. Era como siempre mezclado. Y la gente que iba a ver música terminaba escuchando poesía. Y la gente que iba a escuchar poesía terminaba escuchando teatro. Y sí, después ya íbamos aprendiendo entonces cómo hacer el programa. Depende de lo que nos llegaba, las propuestas. En las dos últimas ediciones del festival, les pusimos temas. Entonces ya eran como más específicos. Y entonces ahí ya podíamos decidir más en base a lo que la gente proponía.
¿Como que no leer cualquier cosa, sino tal vez algo más relacionado con el tema?
Claro, y en las exposiciones también. Después de los últimos festivales, en el 2013, 2015, entonces habían tantas cosas, tantas posibilidades, que también era como yo le decía a las chicas, si quieren también hacer un taller, si quieren hablar de algún tema. Y entonces algunas propusieron. Una propuso un taller para niños. Otra propuso un taller de arte y feminismo.
¿Y se hicieron estos workshops?
Sí. Claro. Y después nos uníamos. O sea, conseguíamos contactos con otras asociaciones que trabajan con niños. La convocatoria llegaba a los oídos de las madres. Teníamos la exposición acá en el ACUD, pero aprovechamos la galería para hacer un taller. Y entonces hubo un concierto de música para niños. Y después también les decíamos a las chicas si quieren hacer algún tipo de magazine o alguna cosa. Y entonces se generaban dinámicas. O sea, les tiramos ideas.
¿A las artistas que habían ya seleccionado para esa edición?
Sí, les decíamos si durante el festival quieren entrevistar a otra artista, lo subimos al blog de la página web. Y bueno, y todo eso. Muchas cosas están todavía en la web. Los dejé como en blogs, que en teoría no caducan.
¿Y cómo el festival llegaba a los oídos de la gente?
En esa época, se movía más por Facebook. Entonces, una vez que ya teníamos el cartel y teníamos un evento hecho en Facebook, decíamos a todas, chicas, ahora compartan, inviten a todos sus contactos. Y así empezamos a que todos invitaran a todo el mundo.
¿Como fue la dinámica de la organización del festival con las artistas invitadas?
Hicimos reuniones pre-festival para conocernos y conocer a lo mejor el lugar. Cuando ya teníamos el lugar, les decíamos, venga, aquí se va a hacer el festival. Y nos presentábamos y les decíamos la importancia de que trabajáramos en equipo. De la importancia de que cada una es una replicadora de la información sobre el festival. Que cada una hiciera lo que pudiera. No sé, algunas enviaban la información a la embajada argentina o a la prensa de sus países. Nosotras tratamos también de hacer un trabajo de prensa. Enviárselo a asociaciones, a periódicos. Nunca nos dieron mucha pelota los periódicos, pero aparecíamos en la página de Berlín oficial: Visit Berlín. Logramos entrar ahí como dos veces. Después logramos unas entrevistas en una página que es como de Alemania para Latinoamérica. Y después, cuando repartíamos carteles, les decíamos, chicas, vayan a pegar carteles. Y estaba toda la ciudad llena de carteles del Fieber Festival. Y mucha gente se enteraba por eso. Era como un trabajo así de equipo, así como ratoncillos que van…
¿Y qué representaba para vos como que sean todas mujeres las artistas trabajando en algo tan colaborativo como estos esfuerzos para reunirse antes del festival y conocerse?
Yo creo que la mayoría de las artistas son bien individualistas, cada una está haciendo su carrera, y anda buscando dónde exponer, dónde leer. Eso pasaba en el Fieber Festival y nosotros lo sabíamos. Pero tratamos de que hubiera también una unión, porque era importante para que el festival funcionara mejor. Y también nos dimos cuenta, desde el primer festival, que esas dinámicas de grupo eran muy importantes, sobre todo para las más nuevas. Que a lo mejor no tenían contactos, que estaban muy recién llegadas, que no hablaban, no tenían amigas. Entonces, como que ese intercambio generaba como muchos contactos, conocimiento y algo como una comunidad. Muchas son migrantes, con historias, unas más antiguas en Berlín, otras más nuevas, y entonces las más antiguas les daban consejos a las más nuevas. Entonces, como que estaba la parte artística y la parte sociocultural.
¿Que ese trabajo colaborativo les daba a ellas como algo que no se esperaba, porque a lo mejor nada más querían venir y exponer, pero había algo más rico que estaba pasando entre medio?
Y que a lo mejor ellas hubieran dicho, yo nada más quiero ir. Pero después muchas se daban cuenta que al final lo más valioso era ese trabajar, ese conocerse, ese... Sí, tranqui. Y entonces sí, como que veíamos como que era súper interesante que las chicas, y que se sintieran útiles también algunas.
¿En términos de qué?
Como que su aporte era importante, que lo que hacían era valioso, para el festival, para todas. Como esa sensación de que en esos procesos de migración muchas están a veces muy vulnerables. Se sienten aquí como que no forman parte de la sociedad, que perdieron todo... Pero digamos que el proceso de integración para muchas no es fácil. Y entonces esa posibilidad de intercambiar, de sentirse que aportaban, de que algunas les hacía bien, también a nosotras las organizadoras.
¿De dónde sale esta idea para contrarrestar el individualismo del artista?
Se fue dando en el momento. Yo llegué con la misma intención individualista al festival. Ah, no, yo quiero exponer nada más. Y me dice la chica, no, no, pero es que hay que organizarlo. Yo dije, ay, pero ¿cómo que organizarlo? Y después terminé metida organizándolo. Y de sentir que sí, que estaba haciendo algo también por las demás, por las artistas que necesitaban espacio. Y después creo que las mujeres, por alguna razón, hay momentos en la vida en que necesitan de encontrarse, colaborar. Y creo que eso las enriquece mucho.
¿Me repetirías los lugares en donde estuvo Fieber?
Sí, primero en Landsberger Allee 54, Galería Marcia Frosen se llamaba. Después acá por dos años, en el Acud en Veteranenstraße. Y después el último en 2017 en Pfefferberg en Prenzlauerberg en la Galería Mein Blau y en el teatro Haus 13.
¿Vos desde cuándo habías llegado a Berlín? ¿Y cuándo te sumaste al festival?
En 2008 había llegado. En el 2011 me sumé al festival, tres años llevaba en Berlín. Y me había puesto yo a pintar, tenía mis trabajos, pintaba. Había tratado de exponer, pero veía que era todo durísimo, que no había donde exponer, que era muy difícil. Hice un par de cositas, expuse, pero todo era un poco vacío. Como, bueno, voy y expongo mis cosas, vienen mis cuatro amigos y... Había un open space, y cada uno va, cuelga sus cosas. Y bueno, allá conoces a algunos artistas, pero no... No sentí como esa emoción que después sentí organizando el festival y generando toda esa cosa de colaboración.
Y vos decís como que era durísimo en términos de espacios, tal vez, organizados por alemanes. ¿Cómo era tu relación antes de Fieber con espacios, capaz, más latinoamericanos?
Yo al inicio no sabía que existía una escena tan grande latina aquí. Me enteré como dos años después. Pero, bueno, iba... Lo que tenía más visto era el festival de literatura latinoamericano...
Ah, Latinale…
Sí, ya desde el inicio yo iba. Después colaboré también con un festival de cine latinoamericano, Lakino. Duró unos cuantos años.
¿De cuándo a cuándo fue, sabes?
Puede ser como del 2010 al 2015, por ahí. Empezó siendo un festival de cortometrajes y después se convirtió en un festival de cine.
¿Para artistas latinoamericanos viviendo en Berlín?
No, era para todo de Latinoamérica. Y tenía alguna sección en algún momento de cine hecho aquí en Berlín. Entonces sí conocía como que me había unido a colaborar en otras cosas y me gustaba el cine también. Pero en la escena artística de lo mío no encontraba, no sabía cómo era la cosa. Sí, me parecía que estaba más diluido todo. Siempre fui a ver exposiciones y yo decía, yo quiero estar aquí, pero ¿cómo hago? Y bueno, estuve en alguna feria, estuve en espacios que a lo mejor había que pagar también para exponer. Igual me moví por Europa, también estuve en otros lugares.
Desde 2008 estás acá en Berlín, ¿pero también hay interrupciones?
No, siempre viví en Berlín. Lo que quiero decir es que a lo mejor fui a exponer cinco días a una feria en Londres o había una actividad en Bélgica o algo así. Y después, sí, después del Fieber entonces fue como que se convirtió en algo muy fuerte, pero a la vez me consumía mucho tiempo. Por eso lo hacíamos cada dos años. Porque cada Fieber tocaba organizarlo como cuatro meses, y después más “el post”, y era bastante agotador.
¿Qué incluía el “post”?
Bueno, a lo mejor social media de las fotofinales. Después, encuentros con las chicas, que si nos vemos y toda esa energía. Y después, sí, después yo me acuerdo, sí, el primer Fieber, el segundo, yo decía, ya no más, esto es demasiado. Y era demasiado trabajo. Pero todas las chicas siempre decían, ¿cuándo vas a lograr tu emoción? Las chicas querían seguir. Y hubiera sido lindo que se hubiera podido seguir haciendo, como cada dos años o así.
¿Y por qué terminó?
Íbamos a empezar a organizarlo para el 2019. Ya habíamos empezado a reunirnos, chicas que estaban interesadas en colaborar. Pero nos rechazaron, en la anterior galería, en Blau. Otra vez nos costó encontrar lugar y fuimos a ver algunos lugares nuevos. Y yo me quedé sin trabajo. Tenía un trabajo en una tienda online. Era importante que yo tuviera ese trabajo. Un sostén como aparte, afuera del Fieber Festival. Porque además, el último Fieber que hicimos con la galería y el teatro que pagamos, costaba como 3.000 euros.
¡Wow!
Íbamos creciendo, pero ya cada vez los costos eran más altos. Y queríamos ofrecerles a las chicas la mejor calidad y todo. Conseguimos esa galería en My Blau. Es una galería muy bonita. Y al lado había un teatro. Y por tres días nos cobraron eso, algo como 3000. Y como reserves eso un año antes, tienes que dejar un adelanto. Y todo eso solo lo puedes hacer, si tienes un trabajo. Después yo dije, ya, ahora tengo que concentrarme en qué voy a hacer. Y eso, que también no podíamos seguir infinitamente haciéndolo de esa manera, porque también era mucho trabajo. Y no encontrábamos el modelo. Tal vez no estábamos suficientemente maduras como para saber cuál era el siguiente paso. Algunas decían que había que hacer una Verein. Una figura un poco más seria. Como que se vuelva un poco más estructurado. Sí, bueno, yo creo que aquí cualquier dinero va a ser más fácil que llegue si es a una Verein. Que si lo haces a título personal. Entonces, y yo tenía mucho miedo de hacer una Verein. Como, no sé, toda esa organización y el papeleo.
¿Por la burocracia decís?
Sí, como una sensación de que es abrumante. ¿Qué hacemos con todo eso? Pero sí, fuimos creciendo mucho y ya después tal vez nos deberíamos haber vuelto otra vez más pequeñas para no hacerlo tan complicado. Y el problema era ese, que como no era una sola cosa, artes visuales o... eran tantas cosas que siempre teníamos que pensar en un teatro y en una galería.
Claro. Y ahí no hay tantas opciones en Berlín… Galerías hay muchas...
Teatros, también. Pero las dos juntas, no.
¿Cómo, desde entonces, cómo es que fue cambiando o cómo ves ahora la comunidad latinoamericana?
Siento que cuando yo llegué ya había muchas cosas también. Pero va cada vez creciendo. Para empezar, que hay un montón de cosas de poesía en diferentes barrios.
¿Que al principio no estaba tanto?
Me parece que no había tantos, ahora me parece que hay más. Pero bueno, yo creo que siempre va cambiando. Ya no existe, por ejemplo, Lakino, pero a lo mejor existe otro festival de cine. O las cosas así de poesía, después música. Bueno, música, hay mucho siempre. Yo creo que se mueve mucho, pero bueno, yo siento que Berlín también está cambiando mucho. Aunque todavía hay lugares alternativos, lugares donde hacer cosas. Imagino que cada vez es más difícil. Tal vez la gente está más organizada ahora, se forman más en uma Verein. Hay asociaciones como Carne Kunst, que ayudan a los artistas a...
...navegar el mundo de los subsidios para artistas?
Sí. En el momento que yo llegué, había menos instituciones de apoyo. Lo que siento es que es como por generaciones: en un momento estás más activo, y después ya no tanto. Y después vienen la gente más joven, como más activa, y después otra vez... Y así como por oleadas. La gente que llega a lo mejor tiene muchas ganas de hacer cosas. Y está más joven, y tienen más tiempo, y a lo mejor todavía no se han casado, y todavía no tienen hijos, y hay más libertad. Y entonces pueden hacer muchas cosas, pero después, como ya van llegando los parientes, ya todos tienen hijos, y ya es más difícil involucrar a la gente.
¿En muchas cosas, la gente se involucra más cuando es joven...?
Hacer sobre todo cosas gratis. O iniciar un proyecto, de la nada. Entonces sí, yo creo que es como eso. Y ahora está llegando muchísima gente joven, y me imagino que hay muchos propuestos que están sucediendo.
Cuando recién llegaste, ¿quiénes fueron tus referentes, o las redes en las que te involucrabas, de la ciudad, en qué barrios estabas?
Al puro inicio yo no entendía nada, cómo funcionaba aquí, nada. Era una ciudad, me parecía súper grande.
¿Ya hablabas alemán?
No. Vine a aprender, ya hablaba un poquito. Pero el primer año me la pasé estudiando alemán. Entonces, al final, ese fue como la puerta de ingreso a mis primeras redes. Iba a clases todos los días y ahí conocí a muchísimos extranjeros de todos los países. Algunos se quedaron, otros se fueron. Y eso fue mi primer contacto con gente. Tengo por lo menos tres buenas amigas, que todavía las conozco desde el 2008, que fuimos a esas clases. Entonces trataba de descifrar toda la ciudad, cómo funciona. Iba a ver exposiciones. Venía mucho a Mitte, en una época, en la Brunnenstraße, había muchas galerías, ya todas cerraron.
¿Acá a la vuelta, en la Brunnenstraße?
Sí aquí muchas galerías abrieron y cerraron. Después había festivales también de arte, muy buenos, que también dejaron de existir. Eso me hacía ver que había muchas iniciativas, pero las galerías cerraban muy rápido, los proyectos buenos de arte que habían cerraban rápido, muchas bienales o cosas. Había una semana de arte en septiembre que había un montón de exposiciones. Yo los iba a ver todos y me encantaba, pero a los dos o tres años se habían cerrado la mitad.
Estos festivales o exposiciones, estos como espacios, ¿te acuerdas de alguno?
Estaba la Art Berlin... Art Week... Berlin Art Week y... Y bueno, la principal feria de arte que existía en Berlín se llamaba Art Forum. Pero eso estoy hablando de galeristas súpertop. La hacían allá en la Messe. Esa sucedía al mismo tiempo que todas esas que otras sucedían. Esa Art Forum, por ejemplo, fue una feria súper importante, pero también duró como nueve años. Yo me acuerdo porque también yo la fui a ver, de hecho, yo trabajé ahí de guía. Y después había otra paralela que sucedía en varias exposiciones.
Y en términos artísticos, ¿vos ya te relacionabas con el arte antes de venir a Berlín?
Sí. Pues sí, siempre iba a exposiciones... Siempre me gustaron diferentes artes. Ayudé también en producciones de cine. A veces tenía amigas que hacían teatro u otras que hacían danza. Entonces, siempre me gustó, en realidad, como muchas cosas. No, tal vez yo hacerlas, pero... Estar en contacto con... Y Costa Rica es un país, aunque es pequeñito, pero hay muchas cosas. mucho movimiento... Y bueno, es más fácil porque todo el mundo se conoce un poco.
¿De dónde sos de Costa Rica?
De San José. O sea, por lo menos en San José no es que conoces a todo el mundo, pero más o menos es bastante pequeño. En cambio aquí, empezar y entender cómo funciona la ciudad. A veces digo, a lo mejor debería haber estudiado, para conocer el mundo desde la universidad. Y hacer contactos ahí. Eso me hubiera gustado, ahora que lo pienso. Pero le dediqué muchos años al Fieber. Y después, en esos años no le dediqué tanto tiempo a mi trabajo artístico.
¿Como pintora?
Sí, le bajé un poco la intensidad. Entonces por eso, cuando el Fieber terminó, dije, ahora voy a dedicarme un poco más a mí. Y a mis cosas y ver qué hago, cómo voy a vivir ahora, de aquí en adelante y todas esas cosas.
¿Seguiste haciendo gestión cultural después del Fieber?
Después del Fieber, no. Pero hice una exposición colectiva con unas chicas en 2022.
¿Cómo se llamó?
“Peace and Fruits”. Era justo cuando había iniciado la guerra de Ucrania. Yo tenía una serie de pinturas con sandías. Entonces yo quería hacer una exposición relacionada con las frutas. Y a algunas conocidas les dije si tenían algún trabajo de frutas. Entonces hicimos una exposición de frutas, pero como estaba la guerra recién iniciada, le pusimos “Peace and Fruits”. Y eso fue lo último que hice. Después, por otro lado, siempre he sido también bloguera. Tengo un blog desde el 2008. Se llama “Una Tica en Berlín”. No escribo muchísimo, pero claro, ahora los blogs son en Instagram. La gente más que todo pone videos. Pero a mí me gustan los blogs escritos, porque se quedan ahí. La gente los busca en Google y ahí están artículos del 2008 o del 2009, quedan más visibles a la gente, como una revista o un periódico.
Y me contabas como, en ese momento, te movías como en exposiciones por Mitte..
Bueno, por todos lados. Trataba de ir a muchos lugares, es cierto que después, también había mucha actividad por Kreuzberg, después el 48 horas Neukölln. Yo iba porque hacía mis obras en casa. Si yo hubiera tenido la oportunidad y los medios para tener un estudio, tal vez eso me hubiera conectado más fácilmente con otras personas. Porque los artistas que estén en un estudio pueden hacer un open studios una vez al año y se conocen entre ellos, tienen los contactos. Igual eso es algo que en Berlin cada vez también está desapareciendo más, los espacios para estudios de arte.
¿Quiénes fueron como esas personas a las que primero conociste en el mundo artístico acá en Berlín?
Yo siento que para mí lo más importante fue el Fieber porque conocí a otras artistas que estaban como las mismas que yo, que estaban creando, pero tal vez no tenían las opciones de exponer, o sí, o ya habían expuesto, buscando, algunas estudiando y otras también que estaban aquí de paso. Habían españolas también y a lo mejor chicas que vienen y viven aquí un año, dos años, y después se van, y ahora están en España, hay también mucho movimiento de gente que va y que viene. Ahí fue donde más conocí gente y sobre todo profundizar relaciones con artistas, cuestionamientos, como qué es el arte oficial o porque hablamos mucho que si éramos como arte marginal o arte, como que si estamos en los márgenes del mundo del arte, porque una vez una chica nos criticó que éramos como una cosa como medio marginal del arte. Evidentemente, no estábamos en un museo, pero era un movimiento tan válido como cualquier otro. Y entonces con una amiga que es artista y decía que teníamos que creernos que nosotros también éramos el centro, no creer que el centro siempre está en otro lugar, porque si siempre crees eso, siempre te hace sentir estar fuera de algo. Y entonces ella decía no, tenemos que entender que estamos en nuestro centro, como eso es lo que tenemos y eso es lo que podemos hacer y no somos ni más ni menos este, porque no estemos en el museo o no sé, en el Hamburger Bahnhof. Evidentemente, son otras ligas, pero son y tal vez eran movimientos organizados por mujeres para defender nuestro trabajo en un mundo que nos está costando entender.
Cuando Lucía González, que originalmente fundó Fieber, deja el festival, ¿qué te impulsó a tomar el mando y decir esto tiene que seguir?
Yo, al inicio, no quería. Dije, no, ¿cómo voy a hacerlo sola? Y después había chicas que decían ¿cuándo hacemos el próximo Fieber? Y entonces yo decía, uy, no sé. Después en algún momento tomé impulso y dije, bueno, vamos a hacer otro. Y a ver si alguien más se une aquí a trabajar. Y aparecieron las chicas y apareció Bárbara Miranda, que tiene mucha experiencia en producción, en organización. Ella no tiene miedo a la técnica. Tiene una cosa que yo jamás no lo hubiera podido hacer. Porque yo soy más del mundoorganizo las ideas, el concepto, la página web, hago la convocatoria online, toda la comunicación con las artistas. Ella también hacía comunicación, pero la parte práctica, ya, bueno, ¿qué vas a necesitar al final? Entonces, mira, tengo eso, ¿qué te hace falta? Papá, tres micrófonos. Íbamos aprendiendo, en las primeras ediciones no los hicimos así, pero después, por ejemplo, hacíamos unos formularios online muy buenos. Nos tenían que presentar un rider técnico, como, ¿qué van a necesitar? Porque ya necesitábamos tener la mayor cantidad de información desde la convocatoria.
¿Cómo te sentías con esa insistencia de las artistas que te preguntaban ¿cuándo vas a ser el próximo festival?
Yo a veces salgo y me encuentro con artistas que me lo aun dicen. Es que se generaba algo muy fuerte, como las artistas se sentían importantes, se sentían que tenían un espacio, que tenían la oportunidad de hacer un proyecto y de ponerlo a escena. No te estoy diciendo que todas, pero algunas a lo mejor pasaban por el Fieber y ya no les interesaba. Pero algunas, verdad, muchas quedaban siempre, se generaba como una energía que nosotros la llamamos Fieber, fiebre. Se generaba una cosa así como una locura, una energía súper fuerte, positiva, de emociones fuertísimas, las inauguraciones eran llenísimas. Y no es fácil tener tanta gente en una exposición. Yo hice a lo mejor alguna exposición antes y llegaron cuatro o cinco amigos. Pero si ya lo haces entre varias y todas. Y trabajamos tanto para el Fieber. No era un evento que lo organizas en cuatro días y ya. Era un trabajo que incluía muchas cosas y, entonces llegaba ese momento la explosión y era como…
¿Y qué otras palabras utilizarías para describir esta energía que se generaba? Porque, está buenísimo que traigas de vuelta el nombre del festival, hay veces que capaz la fiebre tiene una connotación negativa.
Nosotras jugábamos con esa palabra. Incluso había una chica que hacía el diseño gráfico durante varios años y eso era también súper importante. Ella, me acuerdo que había hecho el logo que era como una piña. Y le puse un termómetro así como una piña con una energía que está subiendo. Como están subiendo los motores o está... La energía está aumentando el calor. Pero como de una manera positiva, como se está calentando el ambiente. Yo creo que esos espacios fueron como unas pequeñas bombas atómicas culturales que generaron la colisión de muchísima gente. Los espacios crean eso, como colisiones y la gente se puede ir a conocer o no... Una amiga que estudia filosofía me dice que la palabra Ereignis como acontecimientos que marcan a las personas.
¿Así describirías, Fieber?
Sí, sí, sí. Tanto para las organizadoras como para las que participaron. Algunas no. Algunas no se involucraron tanto. A lo mejor llevaron la obra y ni siquiera pudieron venir a la inauguración o se perdieron el evento. Pero la mayoría las teníamos en la inauguración, las que iban y colaboraban porque también había que cuidar la galería, que hubiera gente en la galería. Nos turnamos. Al final todos terminaban conociéndonos un poco y eso generaba conexiones y grupos y cosas y conocer la obra de la otra y qué está haciendo la otra y mirar eso, qué performance. Conocer también que a veces estamos encerrados como en nuestro mundo nada más de artes clásicas o de literatura, pero ver teatro, ver danza, ver esto, ver performance, ver video, ver tanto que enriquece algo tan variado.
¿Hay algo más que quieras señalar de esa época?
Creo que si no encuentras espacio tienes que crearlo. Veo que mucha gente termina llegando a esa conclusión porque si no te invitan o no entras en los call for artist, no estás. Tienes que crear algo que es lo que a vos te interesa y convocar.
La entrevista fue realizada por Martina Herman
La redacción estuvo a cargo de Timo Berger
“Ese es el momento más importante: cuando el libro encuentra al lector”: Charlas de Barrio con German Restrepo
Por Martina Herman
Germán Restrepo es de Bogotá, vive en Berlín hace 20 años y es librero desde hace 15 años.
En esta entrevista con el fundador de la librería de libros usados en español “La Escalera”, German Restrepo nos invita a reflexionar sobre la historia artística y literaria de Berlín.
Llevando adelante una de las librerías latinoamericanas más antiguas de la capital alemana, German nos comparte su amor por las letras, la importancia de los espacios culturales libres, y un poco de cómo llegó a convertirse en el librero que es hoy.
German, cuéntanos un poco sobre tu librería La Escalera, ¿Cuándo se fundó?
En 2010. Este local en Prenzlauer-Berg es el tercero. Originalmente se fundó en el Tacheles, una casa ocupa donde trabajaban artistas. Era un espacio emblemático de Berlín que aún existe, en Oranienburger Straße, Friedrichstraße. Hasta el 2012 fue un centro creativo y artístico maravilloso, ya que era el lugar perfecto para tener talleres y estudios. Yo estuve ahí los dos últimos años con la librería, a la cual aceptaron como parte del ambiente cultural.
Suena como si este lugar es parte de la “escena mitológica” de Berlín, por decirlo de alguna manera…
Sí. Totalmente.
A mí algo que me llama la atención, es que en La Escalera todos los libros son usados. ¿Por qué?
Bueno, para mí los libros antiguos tienen un atractivo único. Desde siempre leí libros viejos, usados. De joven siempre los encontraba en la biblioteca, y yo sabía que eran buenos porque conocía y sabía de los autores, por ejemplo, y creo que por eso aún me siento conectado a ellos. Con libros nuevos no puedo establecer la misma conexión, porque no estoy muy metido dentro del, digamos, del ambiente literario propiamente de los escritores modernos. Sin embargo, aquí en La Escalera, intentamos hacer eventos literarios. Pero no con mucha regularidad.
Debe ser complicado encargarse de eventos y de la organización del espacio simultáneamente ¿Hay más gente trabajando en La Escalera?
Generalmente, y actualmente, estoy yo solo. Aunque claro, a veces tengo ayuda. Este año no mucha, pero antes venían practicantes de España, Francia. Y muchas otras veces he recibido ayuda de amigos o amigas. Entre 2015 y 2019 José Luis Pizzi estuvo a cargo de la organización de los eventos literarios.
Y en cuanto al público que recibe, ¿cuánta gente diría que viene a la librería en general?
Eso es totalmente irregular. No hay ninguna sistematicidad. En Navidad, por ejemplo, la gente compra más regalos, y puedo llegar a recibir más de 200 personas en un mes. Por lo tanto, en los años que yo llevo acá, el stock se ha renovado constantemente. Por año, he tenido que ir una o dos veces a España, y al volver surtir la librería, reponer y comprar cosas nuevas.
Y ¿cómo están organizados los libros? ¿Es esta una colección estrictamente en español?
Los libros están clasificados por idioma. La mayoría, claro, son narrativa escrita en español, aparte de las traducciones de literatura universal. Y en cuanto a los temas, tengo secciones de historia, filosofía, sociología, y demás ciencias sociales. Y bueno, de poesía un poquito.
En pocas palabras, si tuvieras que definir, ¿qué es La Escalera?
Bueno primero de todo es una librería. Después puede ser muchas cosas, porque puede ser un lugar donde las personas se sienten bien y charlan. No solamente de libros, pero de muchos temas. Es decir, como es un lugar un poco escondido… Es propicio para hablar sin intervención. Es un lugar muy relajado. Las personas aquí vienen y se extrovierten fácilmente.
Cuando alguien viene por primera vez, se sorprende mucho al descubrir que el espacio está escondido en el patio, sobre todo si son visitantes que viven fuera de Berlín – los berlineses, pueden estar acostumbrados a encontrar esta clase de espacios ubicados en patios traseros – pero los que vienen de afuera no saben que, en Berlín, solía haber mucha vida en estos rincones de la ciudad, la cual poco a poco se ha perdido. Entonces los que vienen de afuera no tienen idea de eso – Llegan y piensan: ¿Dónde estará la librería? Hay que ser curioso para encontrarla. Primero están las escaleras. Se suben por ellas y después se van a un patio. Y a medida que se acercan se va creando un misterio. Hay que pasar entre un túnel y a lo lejos ven en el edificio: “¿Qué es eso ahí?” Y de repente, ¡boom!, se encuentran con la librería. Cuando la gente llega la sorpresa es grande. Uno no sabe qué esperar. Se crea un misterio en esas seis puertas que se atraviesan. Se crea una anticipación. Una imaginación que trabaja. Y después se encuentran con un espacio cálido, lleno de libros. Los libros siempre son sagrados en la mente de la gente. Exudan algo venerable y respetuoso, ¿no?
Sin duda este es realmente un espacio con una energía muy especial.
Sí. Aquí a veces viene gente que me regala cosas para la buena suerte.
Veo que tiene estos regalos expuestos en una esquina al lado de los libros.
Es como un rincón de reliquias, como los que tienen los abuelos supersticiosos.
¿Usted es supersticioso?
Supongo que sí. Tengo piedras, me gustan las piedras. Tengo un santico. No soy religioso, pero bueno, me regalaron una imagen de santo. Mi familia es religiosa, en fin, somos latinos, ¿no? Pero mira, aquí tengo a San Pancracio, por ejemplo, que trae dinero. Y bueno, pongo ahí la imagen ¿Por qué no? Mal no va a ser. Otra amiga poeta de Bolivia hace figuritas de pan y me trae - hace tiempo me regaló una escalera. Otro amigo me regaló una rosa del desierto. Aquí tengo una rama de canela, que me dicen que es de buena suerte. En fin, esto es como Dios. Uno no sabe dde su existencia, pero al menos hay que agarrar el beneficio de la duda.
En cuanto al nombre de la librería, La Escalera, ¿qué significado tiene para usted?
Pues... representa la continuidad. Porque siempre ha tenido el mismo nombre. Y también representa la continuidad en el sentido de que este este es un espacio libre, independiente y abierto, el cual no está alineado con ninguna política o ideología. Aquí yo tengo libros de Marx, tengo libros diabólicos, santos. Pues, yo creo que el criterio de la librería es universal. Y en este espacio pequeño intento agregar y tener la mayor cantidad de teorías, pensamientos y literatura posible.
¿La literatura, o así la gestión cultural, es algo que desarrollaste en Berlín o ya lo hacía en su país de origen?
La función de librero sí la desarrollé aquí en Berlín. En mi vida, antes, nunca pensé que fuera a ser librero. Pero desde la niñez, siempre tuve mucho contacto con libros. Siempre me gustó leer. Yo creo que leer también es como una vía de escape, o sea... Es una forma de escapar de la realidad y desarrollar un mundo maravilloso. Yo comencé, por ejemplo, leyendo cómics. En mi época la televisión aún no estaba muy desarrollada. Así que cuando era niño, nos entreteníamos con cómics. Y ya después uno pasa a la literatura. Historias escritas, no solamente vistas. Y así te das cuenta que la literatura, las letras, son una forma maravillosa de conocer el mundo. Casi toda la información que uno tiene, al menos en mi generación digamos, viene a través de las letras, ¿no? A pesar que nosotros también tuvimos mucho cine. A mí me tocó una época de oro en el cine. En Bogotá había muchísimo cine, y yo era un adicto. Iba todos los días. Guau. Me veía como cuatro películas por día. Y por eso aquí me encanta hacer ciclos de cine.
Es otra de muchas actividades para crear comunidad en este espacio. Y en cuanto a esto, ¿cuál diría que es la relación entre La Escalera y la comunidad o colectivo latinoamericano?
Pues es una relación buena, o sea, La Escalera es bien conocida. Es de las librerías en español más antiguas de Berlín.
¿Y qué diría usted es lo que hizo que La Escalera sea tan conocida?
El tiempo. Cuando llegué a Berlín había una sola librería en español conocida, y era prácticamente la única que existía en la ciudad. Se llamaba La Rayuela, y también hacían eventos. Era la librería del círculo literario hispanohablante. Era un espacio done la gente se reunía y conocía. En ese momento, La Escalera ya existía, pero era un poco, digamos, más, no diría underground, pero sí, estaba fuera del foco público. Lo que sucedió es que en un momento La Rayuela tuvo que cerrar. Así la gente comenzó a descubrir La Escalera. En ese entonces vinieron un montonón de personas. Y después, cuando abrió Andenbuch, el público se fue repartiendo.
Cuando empezaste en Tacheles estabas rodeado de un ambiente de artistas. ¿Cuáles dirías que fueron tus referentes cuando empezaste? Digamos, tu red apoyo.
El Tacheles era maravilloso porque no necesitabas nada de eso. Era estar ahí. Venían más de medio millón de personas al año. Había talleres abiertos, y básicamente, cada artista hacía lo que quería, si quería abrir el taller a veces lo abría, otras veces si quería lo cerraba. La gente pasaba por ahí, entraba, salía, miraba… era un ambiente totalmente libre. Era un lugar muy, muy peculiar. Yo me ubicaba en la entrada principal, bajo un arco. Y bueno, años después, no te puedo decir exactamente cuándo, yo creo, en el año 2000, lo compró un banco para renovarlo y reforzar la estructura.
Y ahora pensando en el presente ¿Cómo ves la escena literaria latinoamericana en Berlín hoy?
Muy nutrida. Creo que Berlín se ha vuelto el punto de comprensión de muchos sudamericanos, sobre todo descendientes de migrantes europeos. Esta ciudad es un refugio. Berlín es una ciudad en la cual bueno, ahora no, pero antes, era muy fácil vivir. Y todavía tiene esa fama. Sobre todo, para artistas jóvenes. Todo el mundo viene aquí a buscar su destino. Puedes encontrar caminos que nunca habías sospechado, como yo, por ejemplo. Yo nunca pensé que fuera a ser librero y aquí me volví uno. Hay otros que descubren que son músicos o que son actrices o pintores. El ambiente berlinés genera eso. Y creo que también se debe al hecho de que era una ciudad donde no había mucho dinero. Entonces la mayoría de los proyectos eran proyectos amateurs, sí, pero llevados a cabo el por amor al arte. Nadie trabajaba aquí por dinero. Se juntaban grupos de creativos simplemente a experimentar. Pero eso está cambiando. Antes aquí había tiempo. Ahora no tanto.
En tu opinión y experiencia, ¿qué hace que en Berlín se desarrolle este ambiente?
Es un ambiente creado políticamente. Es un microclima en Alemania. Aquí hay una permisividad que no hay en otras ciudades de Alemania. Y eso es político. Cuando llegó la unidad de Alemania, Berlín quedaba en el lado comunista. La parte este de Berlín en especial, donde estamos ahora, estaba muy descuidada, ruinosa, ¿sabes? Y eso había quedado así desde la toma por los rusos. La ciudad estaba acribillada; huecos de balas por todas partes. Berlín se reconstruyó en 15 años. El punto de partida fue el mundial de fútbol del 2006. En este contexto Berlín se ganó una gran vitrina.
¿Usted en qué año llegó específicamente?
Yo llegué en 2005, pero la primera vez que vine fue en 2003. Debo decir, algo que de lo que muy pocas personas son testigos, es lo que ha sucedido en Berlín en los últimos 15 años. La ciudad ha experimentado un crecimiento impresionante, relámpago.
¿Usted cree que La Escalera es hoy un lugar significative para la comunidad latinoamericana en Berlín?
Claro. Es un espacio que sirve como una instancia de encuentro con lo familiar. Y es así, ¿no? Vienen gente que se encuentran con literatura de su país y se sienten bien. Para mi sostener esto no ha sido fácil. Hay momentos difíciles económicamente, por eso, es decir, esto ha sobrevivido porque estoy aquí en un lugar escondidito que la gente sigue visitando.
¿Y qué es lo que usted cree que hace que la gente siga viniendo?
Bueno, la gente viene acá y sabe que va a encontrar algo. En realidad, la mayoría vienen buscando algo, y se encuentran otra cosa, porque el encanto de una librería de libros viejos es ese. No sabes lo que te vas a encontrar. Aquí, yo he visto gente que se ha vuelto loca porque han encontrado libros que buscaban desde hace 40 años.
Y para usted, ¿qué se siente darle esa alegría al otro?
Es increíble, porque ese es el momento más importante: cuando el libro encuentra al lector.
¿Definiría usted así a La Escalera? ¿Cómo un lugar donde el libro está destinado a encontrar su lector?
Sí. Creo que esa podría ser una muy buena definición. Es un lugar donde no solamente el lector encuentra el libro, sino que el libro también encuentra a su receptor.
La entrevista fue realizada por Martina Herman
La edición estuvo a cargo de Elena Chiavazza Prieto